Súper mujer: cómo convertirse en una súper mama y manejar todo

Cómo convertirse en una supermujer

super mamaHoy en día, muchas mujeres desean convertirte en una supermujer.

¿Desearías deshacerte de tu cansancio por exceso de trabajo como madre y persona y convertirte en una supermujer?

Las mujeres poseen una fuerza física increíble a pesar de su supuesta inferioridad física, y un sentido de supervivencia que los hombres envidian.

“Detrás de cada gran hombre hay una gran mujer” (E. Roosewelt). Imagina lo que hay detrás del éxito de una mujer.

Una mujer que quiere tener éxito debe ser fuerte. Las mujeres ayudan a los hombres a conseguir el éxito en sus vidas (aunque no todos los hombres estén de acuerdo con esto).

Pero ¿quién ayuda a la mujer a ser una supermujer?

Ella misma.

Las mujeres han entendido que deben prepararse para evitar lo que pueda hacerles enfermar. Lo que pueda impedir sus buenos deseos en la vida cotidiana. Pero, muchas no son conscientes de cómo hacer crecer lo que la naturaleza les ha ofrecido para despertar en ellas su superpotencia.

Las mujeres poseen poder para controlar su salud, equilibrio y potencial.

Deben conseguir que sus superpoderes aparezcan y ayuden a su cuerpo a funcionar correctamente desintoxicándole y regenerándole.

Busca lo necesario para tu equilibrio físico y emocional.

Ser una supermujer no significa que tengas que sufrir sin hacer nada para ayudarte. Una supermujer tiene el derecho de lograr una vida más fácil aunque dé la impresión de que se las arregla.

Cómo manejar tu vida de mujer

¿Tienes la horrible sensación de que todo cae sobre ti y que necesitas cien horas al día para manejarlo todo?
No sólo es lo suficientemente estresante de por sí, sino que cuantos más esfuerzos hagas para completar tu lista de tareas, más tendrás la sensación de que nunca lo lograrás.

Cuanto más se trabaja, más se tiene la impresión de no hacer lo suficiente. ¿No te parece extraño?

Cada vez que estés estresada, cada vez que pienses: “Esto es una locura. Nunca voy a terminar lo que tengo que hacer”, se deberá a que necesitas LIBERACIÓN.

No ser capaz de concentrarse en lo esencial

Y aquí está el secreto: nunca se puede hacer todo en la vida, pero tienes mucho tiempo para hacer lo básico.

¿Alguna vez te has olvidado de comer, dormir o hacer lo que necesitabas cuando tu cuerpo te lo pedía? ¡No!. ¿Llegas habitualmente tarde a los eventos que realmente te importan? ¡No!.

Si te concentras sólo en lo esencial, verás que no sólo tendrás tiempo para terminar tus tareas sino, también, para disfrutar de tiempo libre.

Para llegar a manejarlo todo cuando hay demasiado que hacer

Determina lo qué es una prioridad.

  • Si no puedes hacer las cosas será porque intentas hacer demasiadas a la vez.
  • No intentes hacer demasiadas cosas a la vez. Algunas no serán importantes.

Esto es lo que yo llamo la “paradoja de estrés”. Si sientes estrés, es que no estás haciendo lo esencial.

Si estás a punto de enloquecer pregúntate a ti misma cuáles son las cosas que tienes que hacer. Las que tendrían consecuencias catastróficas si no las hicieras hoy. En otras palabras, ¿cuáles son las más importantes y urgentes?

Probablemente, vas a terminar haciendo dos o tres tareas. Hazlas, luego podrás relajarte. Deja el resto para cuando tengas tiempo.

Puedes elegir hacer las tareas más importantes

Esta es la regla de oro para manejar el estrés: si no sabes cuáles son las tareas esenciales de tu lista, no hagas nada.

Sí, has leído bien. Tú eres la más importante. Si no puedes ver claramente las prioridades, es que ya no puedes pensar con claridad.

Si tu cerebro está cansado en ese momento, no tienes oportunidad de ser productiva. Si no llegas a ver las prioridades, tu prioridad es descansar hasta que tengas una visión equilibrada de las cosas.

Necesitas valor y disciplina para actuar cuando estás al borde de un ataque de nervios. Es la manera más rápida de encontrar la serenidad y energía que necesitas.

En resumen

Elige lo más importante cuando tengas mucho que hacer. Hay un truco que me dio excelentes resultados. Excepto en las tareas prioritarias que había elegido, me prohibí trabajar (logra que no te agotes a ti misma haciendo tareas secundarias).

Cuando no sepas qué hacer en primer lugar, no hagas nada. No temas, el mundo no se va a caer. En cambio, te sentirás mejor y serás más eficaz.

Cómo convertirte en una supermadre

Sé tú misma

super mujerNo tienes que abandonar tus pasiones y centros de interés cuando te conviertas en madre. Es esencial que te tomes tiempo para hacer lo que te gusta: leer, escribir, hacer deporte… Encuentra la manera de incorporarlo a tu rutina.

Es más fácil decirlo que hacerlo, lo sé, pero debes tratar de seguir haciendo lo que te gusta aunque no sea tan a menudo como antes. Si cubres tus propias necesidades serás más feliz y tu maternidad más fácil.

No te comportes como una mártir

Tus hijos no te han pedido que pagues el precio de convertirte en una madre mártir. Necesitas tiempo para ti. Deja que los niños vean la televisión durante una hora y ponte a leer un libro.

Déjales alguna tarde con su papá y organiza una cena con amigas. Llevar tu límite hasta el agotamiento no es bueno para ti o tus hijos.

No trates de ser perfecta

No es bueno para la vida en general con independencia de la maternidad. Buscar la perfección, es siempre mala idea porque la vida es desordenada, impredecible y está llena de sorpresas.

Tratar de llegar a la perfección, o tener un control total sobre todas las cosas, no es posible y no debe ser tu objetivo. Una vez que te conviertas en madre, tu vida será aún más caótica por lo que es muy importante que hagas concesiones en esa búsqueda de la perfección.

Debes aceptar que dirigir la casa es complicado. Que la comida hay que prepararla y que los niños necesitan tu atención.

Deja ir la culpabilidad

La culpa parece ser común en todas las madres. Una amiga me dijo una vez que se sentía culpable cada día. Yo, también, muchas veces me siento culpable por sentirme culpable, pero estoy trabajando para que no vuelva a suceder.

La culpa es innecesaria y una terrible pérdida de tiempo y energía. Cada vez que tomes una decisión importante como ama de casa permite a los niños jugar a los videojuegos mientras te tomas un poco de tiempo para ti. Mantén esta decisión.

Lo haces lo mejor que puedes. Nadie es perfecto y nadie espera que seas una madre perfecta que nunca se equivoca. Siempre y cuando les quieras y cubras sus necesidades básicas, tus hijos estarán bien.

Sé paciente

Criar a los hijos es un trabajo duro. Los niños son ruidosos.

Sí, claro que a veces perderás la paciencia. Pero, con la mayor frecuencia posible, haz una respiración profunda y trata de ver lo indefensos que son. La maternidad te enseña a ser más paciente de lo que podías imaginar.

Escucha a tus hijos

Escucha a tus hijos. Tendemos a pensar que lo sabemos todo y no nos tomamos la molestia de escucharles. Además, somos expertos en darles consejos cuando lo único que piden es que les escuchemos.

Hace unos meses, mi hija de 8 años me dijo habló sobre las dificultades que estaba teniendo con amigos en la escuela. De inmediato, le di una solución. Se sintió decepcionada porque lo único que necesitaba era que le escuchara.

Sé su madre, no su amiga

En cierto modo, fue más fácil para las generaciones anteriores. Los padres eran padres y los niños eran niños. La familia era patriarcal. Todo el mundo escuchaba y obedecía al padre.

Las familias hoy son democráticas. Negociamos y nos escuchamos unos a otros. Tomamos las decisiones importantes todos juntos. Eso está muy bien, pero los niños no tienen que decidir por los padres. Debemos ponerles límites claros. Debemos escucharles y respetarles pero no somos sus amigos.

Nuestro trabajo es ser la madre de nuestros hijos. No, su amiga.

Enséñales valores

Les harás un gran favor si aprendes a distinguir lo que les hace felices. Cuánto más jóvenes sean, más te escucharán. Comienza temprano. Mis hijos tienen 6 y 8 años. Siento que es el momento adecuado para enseñarles mis valores antes de que sean adolescentes (o pre-adolescentes) y sus amigos les influyan.

Cuando llega el momento, mis hijas participan en la conversación y piden consejo.

Nunca vamos a ir de compras como si se tratara de una diversión. Ellas saben que las compras son una necesidad cuando realmente se necesita algo.

También, en lugar de comprar libros, los tomamos prestados de la biblioteca.

Reciclamos tanto como sea posible y nos esforzamos por vivir en una casa limpia y ordenada.

No presiones demasiado

Puedo dar fe que la carrera por el éxito no conduce a la felicidad. Quiero que mis hijas tengan éxito. Quiero que desarrollen su propio potencial y vivan financieramente seguras, pero trato de no meterles demasiada presión y mantener la calma con su rendimiento académico y actividades extraescolares.

Enséñales a tener autoestima

La autoestima es el regalo más importante que un padre puede hacer a su hijo. Un niño con buena autoestima conoce su propio valor y no se involucra en relaciones tóxicas.

Una persona que se siente bien consigo misma, es más probable que sea feliz y explote su propio potencial.

¿Cómo ayudar a tus niños a que se sientan bien con ellos mismos? Valora lo que hacen. Pasa tiempo con ellos y escúchales.

Enséñeles a ser autónomos

Es muy tentador ayudar a los hijos sin enseñarles a valerse por ellos mismos. En cada etapa de su desarrollo, tu hijo puede hacer las cosas solo. Si haces las cosas por él, no le ayudas e impides que avance.

Deja que haga lo que pueda hacer. Lo que sea apropiado para él. La satisfacción de hacer las cosas por sí solo es muy importante para un niño.

Hace poco leí en un libro de Penélope Leach algo que realmente me llamó la atención: “Los buenos padres saben cómo eliminar su imagen”. Aunque les quieras profundamente y te necesiten, deja que tus hijos se vuelvan lo más autónomos e independientes posible. Poco a poco, retira tu imagen.

Reír y divertirse

Cuando se es madre, es muy fácil meterse en el papel y olvidarse de relajarse y divertirse. Pero, los niños son divertidos. Te dan la maravillosa oportunidad de divertirte con ellos y hacer cosas que no imaginaste hacer en tu vida adulta (saltar en los charcos, por ejemplo). También lo es ver el mundo con los ojos inocentes y curiosos de los niños.

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