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La meditación budista

¿Qué es la meditación budista?

La meditación budista

La meditación budista

La meditación es el desarrollo consciente de las facultades mentales. El término se refiere a numerosas técnicas que permiten el desarrollo de la calma, de la relajación, de la concentración enfocada, de la benevolencia, de la compasión, del sentido del bienestar y de la vista en la naturaleza de la realidad.

Así como hay numerosas facultades o cualidades diferentes que se puede desarrollar, hay numerosas formas diferentes de práctica, cada una con un fin particular.

Las prácticas de meditación budistas pueden ser clasificadas en prácticas de shamata y practicas de vipashyana. Las prácticas de shamata calman el espíritu y ayudan al desarrollo de una concentración enfocada en emociones positivas.

Las prácticas de vipashyana (palabra sánscrita correspondiente al pali vipassana) se apoyan en la calma, la focalización y las emociones positivas generadas por el shamata para asi ayudarnos a desarrollar una conciencia de interrelación entre los seres y la naturaleza.

En la meditación, utilizamos un objeto sobre el cual dirigimos nuestra atención. Nosotros mismos (as) podemos utilizar nuestras sensaciones, nuestra relación emocional, las sensaciones físicas del cuerpo, los sonidos, las imágenes visualizadas, etc.

Ha sido demostrado que la meditación tiene numerosos efectos beneficiosos médicos y psicológicos, entre los cuales se encuentra la del bienestar, el fortalecimiento del sistema inmunitario, el desarrollo de la materia cortical del cerebro, y la disminución del envejecimiento.

La práctica de la meditación budista

En definitiva, la meditación budista es un método de desarrollo personal. Vimos que el desarrollo humano es un cambio del nivel de conciencia, un paso de un nivel  menos ascendido a un nivel más elevado, y la meditación budista nos ayuda a realizar la transición entre un nivel menos elevado de conciencia y un nivel más elevado de conciencia.

Es ésta la razón de por qué la palabra “meditación” tiene un significado doble. Primero, significa el nivel más elevado de conciencia que se pueda alcanzar y, en segundo lugar, significa uno o varios métodos que llevan a la realización de este nivel, o de este estado superior de conciencia. No es que la meditación sea el único método de desarrollo, hay otros.

Hay una observancia ética, una vida ética, rituales simbólicos como aquellos que se encuentran en el tantra, los tipos diversos de prácticas de devoción. Hay un servicio social. Hasta podríamos incluir allí la práctica de las artes y de la artesanía.

Todos estos métodos actúan sobre el espíritu y tienen un efecto sobre el nivel de conciencia. Indirectamente, no actúan sólo a través del cuerpo físico y los sentidos, mientras que la meditación actúa directamente sobre la conciencia. Es por eso que consideramos la meditación como el primer método de desarrollo personal.

Los estados de conciencia en la meditación budista

Hablamos de estados más o menos elevados de conciencia, pero cómo saber de hecho cuáles son cada uno? ¿Cuáles son los más elevados y los menos elevados? ¿De qué modo la conciencia meditabunda difiere de la conciencia ordinaria?

Estos dos niveles de conciencia difieren de varias maneras. Primero, la conciencia meditabunda es menos dependiente de los sentidos físicos. La mayoría de las veces, la conciencia humana ordinaria es una conciencia orientada hacia los sentidos, impresiones sensoriales que nos llegan en cualquier momento.

Hasta sentados aquí, recibimos impresiones sensoriales a través del ojo, la oreja, el tacto, el olfato, el gusto. Estas impresiones nos llegan en cualquier momento y dan origen a diferentes sensaciones, diferentes sentimientos, que preocupan en la conciencia – el espíritu-, y no vemos hasta qué punto nuestro espíritu está preocupado por pensamientos, impresiones, sensaciones que tienen como origen el mundo de los sentidos que nos vienen a través de los cinco sentidos físicos.

En la conciencia meditabunda, en cambio, esto no pasa. Las impresiones sensoriales están presentes pero el espíritu no reacciona. Estas impresiones retroceden si se quiere, hasta la periferia de la conciencia, y en meditación profunda pueden desaparecer completamente. En meditación profunda, la conciencia es absorbida por el objeto de concentración.

Es en la experiencia actual el nivel más elevado de conciencia, y la conciencia del mundo de los objetos de los sentidos se retira considerablemente hasta no ser percibida más que de manera muy débil o, en estados muy profundos de meditación.

La distinción de la conciencia en la meditación budista

Meditación budistaEsto nos lleva a la segunda distinción entre la conciencia inferior y la conciencia superior: la conciencia superior es simplemente más concentrada.

La concentración, aquí, no es una fijación forzada de la atención, sino más bien una alianza natural de todas nuestras energías. Habitualmente, nuestras energías están divididas, están en conflicto; a veces, una parte grande de nuestra energía no nos es accesible.

Es por eso que, muy a menudo, no podemos hacer grandes cosas, no tenemos mucha energía, está bloqueada, asfixiada, reprimida. Pero en meditación, sobre todo cuando se practica la meditación con cierto éxito, estas energías que están bloqueadas, asfixiadas y reprimidas son liberadas natural y espontáneamente, y guiadas en la misma dirección.

El estado superior de conciencia es un estado más integrado, una experiencia más integrada. No hay conflicto, ni división, y por consiguiente experimentamos con un acceso más grande de energía. La energía se eleva en nosotros: no es una energía solamente física, aunque la vitalidad física pueda encontrarse reforzada.

Se trata más bien de una energía psíquica e incluso emocional, que es liberada en el curso de la práctica de la meditación. Esta experiencia de liberación de energía es intensamente agradable, y el estado de conciencia superior es pues un estado de felicidad, de regocijo, de alegría, de éxtasis, incluso de felicidad.

Cómo hacer meditación budista

Conclusión sobre la meditación budista

Observamos entonces un hecho extraño y muy interesante: cuando uno es feliz, verdaderamente feliz, se tiende a no pensar, por lo menos a no pensar inútilmente. Podemos decir que una gran parte de nuestros pensamientos son inútiles, que una gran parte de nuestros pensamientos está simplemente basada en la ansiedad  y en el estado superior y meditabundo de conciencia, no hay pensamiento.

Desde el momento en que se piensa, no meditamos, por lo menos no muy seriamente. Cuando digo que en el estado superior meditabundo de conciencia no hay pensamientos, es porque es un estado muy feliz. Un estado de felicidad no quiere decir, por supuesto, que no se es consciente de ello. Por otra parte, con la ausencia de pensamientos, de pensamiento discursivo, la conciencia es más clara, más brillante y más fuerte.

He aquí pues algunas diferencias entre la conciencia meditabunda, el nivel de conciencia con el que se experimenta en meditación, y la conciencia humana ordinaria. La conciencia meditabunda depende menos de los sentidos físicos, está concentrada, más integrada, más viva; es un estado de felicidad más grande.

Para ir más lejos, les recomendamos el excelente: Meditaciones guiadas

meditación¿Sabias que meditar unos minutos al día puede ayudar a reducir el estrés y además puede ampliar tu visión de la vida?

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